La náusea – Jean Paul Sartre [RESUMEN Y ANÁLISIS]

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La náusea - Jean Paul Sartre [RESUMEN Y ANÁLISIS] 1


¿De qué trata La náusea de Sartre?

La náusea de Jean Paul Sartre es su primera novela y dio nombre a la angustia existencial. Sartre la consideraba como una de sus mejores obras. Se trata de una novela filosófica con tintes existencialistas, que se adentra en el puro absurdo del mundo con la imaginación desbocada de Sartre y explora el azar y la superfluidad del mundo. Todo lo que damos por sentado y nos parece normal, se desintegra y se desgarra para que parezca absolutamente absurdo.

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Resumen La náusea

Antoine Roquentin no necesita ganarse la vida. Desde hace diez años, se dedica a escribir un libro de historia sobre el marqués de Rollebon, un aristócrata francés. Su vida gira en torno a la escritura de este libro, a los cafés y a las horas que pasa en la biblioteca. Es una figura solitaria y solipsista; no tiene amigos y suele escuchar a escondidas las conversaciones de los demás y observar sus acciones.

Roquentin es un militante y un sufridor. Está en guerra con Bouville, literalmente “ciudad de barro” (donde vive), en guerra con los habituales del café, en guerra con los dos principales personajes con los que se relaciona, que son en cierto modo sus dobles: Anny (su antigua amante) y el Autodidacta (que ha pasado cientos de horas leyendo en la biblioteca, y que cree que puede aprender todo lo que hay que saber leyendo todos los libros disponibles en orden alfabético), y finalmente, está en guerra consigo mismo.

A Roquentin le invade una sensación de náusea al darse cuenta de que ha intentado resucitar a un personaje histórico del pasado para justificar su propia existencia. Sufre una crisis existencial. Roquentin decide que el pasado es un concepto sin sentido que no existe, la gente utiliza el pasado para tomarse unas “vacaciones de la existencia”. Así, pierde el interés por su trabajo y decide vivir el presente.

Repite constantemente “yo existo” y se burla de la gente de su pueblo. Sin embargo, le horroriza su existencia y su falta de sentido, pero no entiende por qué.

“Yo soy. Soy, existo, pienso, por lo tanto soy; soy porque pienso, ¿por qué pienso? Ya no quiero pensar, soy porque pienso que no quiero ser, pienso que… porque… ¡Uf!”

Comienza a escribir en un diario para ayudarse a explicar las extrañas y enfermizas sensaciones que le han estado molestando. Documenta cada uno de sus sentimientos y sensaciones sobre el mundo y la gente que le rodea. Se ve sorprendido por episodios que le alejan y sobrepasan simultáneamente de la realidad.

“Nada parecía real. Me sentía rodeado de una escenografía de cartón que, de repente, podía desaparecer. El mundo esperaba, conteniendo la respiración, haciéndose pequeño: esperaba su ataque, su náusea”.

Roquentin encuentra situaciones y objetos inanimados impregnados de significados que llevan el sello de su existencia, todo lo que encuentra en su vida cotidiana está impregnado de una sensación nauseabunda.

Su sentido de la inutilidad de la vida tiene que ver con su conciencia de que los sucesos de la vida son aleatorios. La vida se asemeja a una baraja de naipes, que ve al principio de la novela. Cuando jugamos a las cartas, dotamos a cada una de ellas de un significado inútil; porque ¿qué hay más aleatorio que ese hermoso rey de corazones, por ejemplo, que tenemos en nuestras manos?

“Hermoso rey, venido de tan lejos, preparado por tantas combinaciones, por tantos gestos desvanecidos. Ahora desaparece a su vez, para que nazcan otras combinaciones, otros gestos, ataques, contraataques, cambios de fortuna, un sinfín de pequeñas aventuras.”

Piensa en suicidarse, pero llega a la conclusión de que, dada la aleatoriedad de la vida, el suicidio también sería aleatorio y, por tanto, carente de sentido: la propia muerte habría sido superflua.

Anota furiosamente cada detalle insignificante. Cosas cotidianas como un guijarro, un vaso de cerveza, un árbol, su propia mano, le oprimen con su horrible superfluidad.

En una escena peculiar, Roquentin se encuentra con el asombro de mirar un asiento de tren, lo ve como un montón de animales muertos. Un asiento no es más que un asiento por su nombre, y parece ridículo llamarlos asientos o cualquier cosa, dice:

“Estoy en medio de las cosas, a las que no se les puede dar nombre”.

Sartre dice que estructuramos la vida por ausencias, por nulidades. Llamamos a un árbol “árbol” rechazando todos los demás nombres posibles para él.

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Jean-Paul Sartre (1905-1980)

Análisis literario

Contingencia

Uno de los temas clave es la idea de “contingencia”. No hay ninguna razón necesaria para que algo exista. Si la evolución se repitiera, los resultados serían completamente diferentes. Piensa que la gente atribuye esencias a los objetos para darles una razón de ser. Sin embargo, Roquentin sólo encuentra la “nada”, un vacío que paradójicamente compone la existencia. Como explica al Autodidacta, el ser humano es un hijo accidental de una realidad sin sentido.

Sartre utiliza el tema de la contingencia para criticar el énfasis en un mundo racional con la existencia humana como centro y finalidad.

En el clímax de la novela, Roquentin se encuentra mirando un castaño y se queda boquiabierto con sus raíces, se siente uno con el árbol.

“Un círculo no es absurdo, es claramente explicable por la rotación de un segmento de una línea recta alrededor de uno de sus extremos. Pero un círculo tampoco existe. Esa raíz, en cambio, existía en la medida en que no podía explicarla. Nudosa, inerte, sin nombre, me fascinaba, llenaba mis ojos, me devolvía repetidamente a su propia existencia.”

Roquentin se da cuenta de que la raíz primero existió y luego le atribuyó una esencia al describirla como “negra”. Se da cuenta de que su percepción de la esencia de la raíz, en realidad oculta la verdad de la existencia del objeto.

La reconfortante fachada de sabores, colores, olores, peso y apariencia son, pues, creación del observador. Mirando a través de la esencia de los objetos (las características físicas), Roquentin se enfrenta a la existencia desnuda de las cosas, y por tanto a la fuente de su Náusea.

Tiene una epifanía, descubre que “la existencia precede a la esencia”, una de las afirmaciones filosóficas centrales de Sartre. Roquentin llega a la conclusión de que la esencia de los objetos no son más que “fachadas” reconfortantes que ocultan la inexplicable desnudez de la existencia.

Se enfrenta a su angustia existencial ante la “nada”. Aunque no puede verla, la “nada” es una fuerza que conforma una realidad sin propósito. Cree que su abrumadora presencia de la existencia es demasiado para la gente.

Libertad

El concepto de libertad es una parte esencial del libro. Comprender hasta qué punto somos realmente libres, en este caso es optimista. Sin embargo, también es aterrador, ya que estamos inmersos en un mar infinito de posibilidades, en el que debemos elegir.

Sartre decía que: “El hombre está condenado a ser libre”. Somos libres de tomar nuestras propias decisiones, pero estamos condenados a cargar siempre con la responsabilidad de las consecuencias de esas elecciones.

“De pie frente al pasaje Gillet, ya no sé qué hacer. ¿No me espera algo al final del pasaje? Pero en la plaza Ducoton, al final de la calle Tournebride, también hay algo que me necesita para cobrar vida. Estoy lleno de angustia: el más mínimo gesto me compromete. No puedo imaginar lo que se requiere de mí. Sin embargo, debo elegir: Sacrifico el pasaje Gillet, nunca sabré lo que me deparó”.

La mala fe

Las personas a las que observa en su quehacer cotidiano, siguen velando la ignorancia de su arbitrariedad. Son tan poco libres como Roquentin, y sin embargo ocultan el terrible aprisionamiento de sus existencias al levantarse e ir a trabajar, etc. Son ejemplos de lo que Sartre llama mala fe, una forma de negar el carácter fundamental de nuestra libertad y responsabilidad, es una forma de excusarnos para evitar la angustia de la libertad absoluta.

Sin embargo, Roquentin afirma desafiantemente su propia existencia, afirmando que todos los demás que ve tienen miedo de reconocer que existen.

Conclusión

Sólo al final de la novela se vislumbra un resquicio de esperanza en este héroe, cuando escucha su canción favorita en el tocadiscos. Primero se burla de la idea de que la música “consuela”. Pero luego empieza a pensar en que la melodía existe más allá del tocadiscos.

“Está más allá, no existe, ya que no tiene nada superfluo: es todo lo demás lo que es superfluo en relación con ella. Es”.

Por primera vez en años, Roquentin se siente conmovido por la idea de un ser humano. Esta confianza en la creación artística para comprenderse a sí mismo se convierte en la cura definitiva para su Náusea. En lugar de entregarse a la desesperación, piensa en hacer algo parecido, no en el ámbito de la música, sino en el del arte. No un libro de historia, porque eso es sobre lo que ha existido. Pero quizás una historia inventada, sobre algo que nunca ha existido:

“Tendría que ser hermoso y duro como el acero y hacer que la gente se avergüence de su existencia… Un libro. Una novela”.

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